23 de Septiembre 2004

Rosa y Raúl

Caminan los dos en la misma dirección pero en diferentes sentidos, alejándose el uno del otro.

Raúl camina rápidamente, busca un buen sitio para ver pasar la cabalgata, intentando adelantar carrozas para verlas todas, la acera estaba atestada y cansado de andar se decidió por verla subido a los escalones de un portal, gracias a su considerable altura no tendría problemas para mirar por encima de la gente.
Al mismo tiempo, Rosa, por la acera de enfrente, caminaba despacio en sentido contrario al desfile. Cabizbaja, solo miraba de vez en cuando al cruzarse con alguna carroza, hasta que imposibilitada por el gentío para seguir avanzando, se quedójunto a un árbol para esperar el final de la cabalgata. Miró al frente, y por encima de muchas cabezas vio una cara familiar, enseguida reconoció a Raúl. Durante el tiempo que transcurrió entre el paso de una carroza y la siguiente no pudo apartar la vista de él.
Raúl observaba con atención todos los detalles del desfile, los disfraces, las generosas muchachas y las abigarradas carrozas. Pero tras el paso de una de ellas unos ojos, que le miraban fijamente, captaron su atención y le trajeron a la mente dulces recuerdos.
Rosa y él caminan abrazados, está a punto de amanecer y nadie se cruza en su camino, avanzan despacio, besándose cada pocos pasos.
Pasa otra carroza y Rosa parpadea y recuerda.
Raúl le grita, tiene la cara roja de ira y aprieta los puños mientras va y viene por el salón. Rosa llora acurrucada en un sillón hasta que consigue alzar la voz por encima de la de Raúl para decirle que se vaya.
Raúl ya no está interesado en la cabalgata, pasa otra carroza y piensa.
Vuelve a casa tarde y Rosa esta molesta, se lo nota nada más verla pero no le dice nada, come algo en la cocina y se acuesta. Piensa, que como otras veces, al día siguiente se le habrá pasado.
Rosa sigue recordando escenas del pasado.
Raúl intenta abrazarla en el ascensor, Rosa le rechaza argumentando que alguien puede entrar. Ya en casa, lo intenta de nuevo y Rosa le dice que espere un poco, ahora no es el momento porque tiene que hacer unas llamadas. Cuando vuelve a sentarse a su lado, Raúl está viendo la televisión y no piensa acostarse hasta que acabe de ver lo que está viendo. Le dice que tan solo quería abrazarla, como antes.
Pasa otra carroza y Raúl baja la cabeza pensativo.
Se cruza con ella en el supermercado y llama su atención, empuja su carro y se desvía de su recorrido habitual para poder encontrarla dos calles más adelante, en la de las galletas. Poco después en la de las bebidas y en la de las conservas. Cuando se la vuelve a cruzar en la calle de las compresas, Rosa ya no puede aguantar más y se hecha a reír a carcajada limpia. Raúl nunca podrá olvidar esa risa, la risa del día que se conocieron.
Rosa aprovecha el paso de la última carroza para recordar aún un poco más.
En la caja del supermercado quedan en verse al día siguiente, la cajera, con una sonrisa cómplice, les presta su bolígrafo para apuntar los teléfonos. Mientras, le pasa por el escáner las compresas y Rosa decide que justo cuando deje de necesitarlas se lo comerá a besos.
Pasada la última carroza, ninguno de los dos está en su sitio, Raúl camina perdido entre la gente que sigue el desfile. Rosa emprende su camino con paso ligero aprovechando que la acera se ha despejado.
Caminan los dos en la misma dirección pero en diferentes sentidos, alejándose el uno del otro.

Escrito por Antonio Latorre Jimenez a las 9:37 PM | Comentarios (3) | TrackBack

13 de Septiembre 2004

COQUINAS Y PAREDES

Otra vez he vuelto a echar en falta la cámara de video en la playa. Si en la anterior ocasión, cuando contemplé el vuelo de la sombrilla, la escena muy bien la podría haber filmado Julio Medem, en la que he contemplado hoy sin duda podrían haber estampado su firma Almodóvar o Berlanga.


Llevábamos un buen rato paseando por la playa, su perfil muy plano y marea baja invitaban a ello, cuando decidimos bañarnos y descansar un rato. No lo pudimos hacer en mejor sitio porque justo delante de nosotros una señora nos entretuvo con su técnica para capturar coquinas.
Desde que llegamos a esta playa nos intrigaba ver ir y venir mucha gente con cubitos o bolsas llenas de estos bivalvos.
Dejamos las toallas en la arena, yo me acerque a la orilla y me detuve unos instantes antes de bañarme para observar más de cerca su pericia. Plantando en la arena húmeda el talón movía el pie en abanico a la vez que presionaba para hacer salir a sus presas y cogerlas con la mano.
Hasta que no pasó un buen rato, no nos dimos cuenta de dos detalles curiosos. El primero era que constantemente miraba en una dirección, siempre la misma, cada vez que se incorporaba de una de sus capturas y la otra era que guardaba las coquinas en una zapatilla blanca, probablemente Paredes. Y solamente tenía una, la otra, llegamos a la conclusión de que alguien a quien ella esperaba la traería consigo.
Pero ¿Por qué tardaba tanto? Ella miraba y miraba y nadie acudía con la otra zapatilla. ¿La habían abandonado en plena playa?
O, poniéndonos más trágicos, su impuntual pareja agonizaba tumbado en la arena con una mano agarrándose el pecho y la otra aferrada a la zapatilla.
¿O quizás se trataba de una cita? Una cita a ciegas; y en vez de llevar una rosa roja para identificarse, quedaron en verse con una zapatilla blanca, mucho más discreta, en la mano.
Fuese cual fuese la respuesta, nunca la sabremos porque nos fuimos y ella seguía recolectando y mirando hacia atrás. De lo que si estoy seguro es de que esa noche cenó coquinas frescas.

Escrito por Antonio Latorre Jimenez a las 7:37 PM | Comentarios (0) | TrackBack

HOLA

Por fin en casa, después de unas vacaciones "penosas", todo el dia tumbado a la bartola, la mesa puesta, a pie de playa, etc, etc, ya estamos otra vez delante del ordenador recien reparado y como nuevo. Digo como nuevo porque practicamene es nuevo, me han tenido que cambiar la placa base, la madre del cordero. Y dentro de tres dias a currar, ¡Ole mi mare!

QUE CRUZ MARICRUZ.

Escrito por Antonio Latorre Jimenez a las 2:39 PM | Comentarios (2) | TrackBack